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Historia real de Balto

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Historia real de Balto

Mensaje por lobogris16 el Miér Nov 20, 2013 12:38 pm

La carrera del suero a Nome
En enero de 1925 se desató el pánico en la pequeña localidad de Nome, en el despoblado noroeste de Alaska. Fueron detectados varios casos de difteria tanto en el pueblo en sí como en los pequeños asentamientos inuit de los alrededores. Por aquel entonces ya existía tratamiento y en una situación normal un brote similar no hubiera supuesto un problema excesivo, pero es que la situación era cualquier cosa menos normal. Sin apenas médicos o personal sanitario, alejados cientos de kilómetros de cualquier otro lugar habitado, y prácticamente sin la menor posibilidad de salir de allí hasta que acabara el invierno, una epidemia era lo más parecido al descenso del Ángel Exterminador.

Para 1925 hacía ya unos cuantos años que Nome había dejado atrás sus mejores tiempos, vividos con la fiebre del oro de finales del XIX. Al cambiar el siglo el pueblo y sus alrededores contaban con casi veinte mil habitantes (trece mil de ellos censados en la localidad), pero un cuarto de siglo más tarde entre nativos y llegados de fuera la población no llegaba al millar y medio de habitantes. Nome se encuentra a apenas doscientos kilómetros al sur del Círculo Polar Ártico y era la localidad más grande de la mitad norte de Alaska, pero no dejaba de ser un pueblo en mitad de la nada. Durante los meses cálidos la bahía descongelada permitía la llegada y el atraque de barcos, pero durante los meses de invierno, de noches casi eternas, el aislamiento era casi total. Una única vía, la llamada Senda de Iditarod, unía Nome con el resto del mundo y con la civilización. El problema es que el camino era largo, frío y no precisamente agradable. Más de mil millas (unos 1.600 kilómetros al cambio) de hielo, nieve, frío y pedruscos.

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Y en esas estaban cuando en enero de 1925 Curtis Welch, a la sazón el único médico de Nome, diagnosticó un caso de difteria. La difteria es extremadamente contagiosa, y en aquella época la mortalidad era del 50% o más entre la población joven y anciana, y prácticamente del 100% entre los menores de 5 años. Durante el mes de diciembre dos niños nativos habían fallecido supuestamente de amidgalitis, mal diagnosticada y confundida con la difteria. Cuatro más fallecieron sin llegar a visitar al médico, con síntomas similares. El día 20 de enero el doctor diagnosticó el primer caso confirmado. El panorama, con cientos de niños y una bacteria que puede resistir semanas fuera del cuerpo humano, no podía ser más desalentador. Para colmo, las antitoxinas contra la difteria habían caducado, y aunque el médico había pedido más a Juneau (la capital de Alaska) las antitoxinas no llegaron a tiempo antes del cierre del puerto.

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La epidemia siguió empeorando y para la última semana de enero ya había media docena de niños fallecidos y más de treinta diagnosticados. El doctor envió un telegrama tanto a Juneau como a Washington D.C. que rezaba lo siguiente:

Epidemia de difteria casi inevitable aquí STOP Necesidad urgente de un millón de unidades de antitoxina STOP Correo es la única forma de transporte STOP Ya he pedido la antitoxina al Comisionado de Salud del Territorio STOP Hay como tres mil nativos blancos en el distrito

Una epidemia de gripe seis años antes había acabado con la mitad de la población nativa de Nome, y casi un 10% de la de Alaska. Los Inuit carecían de resistencia contra según que enfermedades, lo que provocaba auténticos exterminios entre la población nativa cuando se desarrollaba una epidemia como la que a esas alturas parecía inevitable. La cosa pintaba, pues, muy negra.

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Por todas partes los servicios públicos de salud se pusieron a buscar antitoxinas. Las más cercanas a Nome estaban en Anchorage, pero sólo había 300.000 unidades, la cuarta parte de la cantidad necesaria para detener la epidemia. Se localizó más cantidad en la costa oeste de EE.UU. y Canadá, pero sólo llevarla a la costa de Alaska llevaría una semana. Así que lo que se planteaba era cómo transportar la antitoxina de Anchorage a Nome. La cantidad no era suficiente, pero podría contener la enfermedad mientras el barco que traía el resto desde Seattle llegaba a Alaska.
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La primera y más lógica opción era llevar la antitoxina volando. Pero hablamos de enero de 1925; apenas habían pasado 21 años desde que los hermanos Wright hicieran levantarse del suelo su ingenio volador. En toda Alaska había 3 aviones. Los tres de cabina abierta, ideales para volar mil kilómetros a treinta bajo cero bajo condiciones extremas y en plena oscuridad. Además, los pocos que sabían manejarlos estaban fuera de Alaska. O sea que descartada esa opción, sólo quedaban los trineos tirados por perros.

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El Relevo
La ruta que recorría el correo desde Nenana hasta Nome atravesaba la barrera Interior de Alaska, continuaba por el curso del rio Tanana hasta la confluencia con el rio Yukon en el pueblo de Tanana y seguía por el curso del rio Yukon hasta llegar a Kaltag. La ruta continuaba por la orilla sur de la peninsula de Seward, sin ninguna protección frente a vendavales y ventiscas e incluyendo un peligroso tramo que cruzaba las aguas heladas del Mar de Bering.



28 de Enero:
El primer musher en partir fue "Wild Bill" Shannon, que saldría de la estación de tren de Nenana a las 9:00 PM, llevando el paquete de 9kg que contenía las antitoxinas, con nueve perros inexpertos y una temperatura de -45º C. La temperatura comenzó a bajar, y por las malas condiciones en que se encontraba el camino se vieron forzados a seguir a través de las aguas heladas del rio Tanana.
Durante el trayecto, Shannon sufrió hipotermia, llegando a Minto a las 3:00 AM con congelaciones en su cara. Trás calentar el suero al fuego y descansar unas 4 horas, partió dejando a tres de sus perros en el camino. Los tres perros murieron poco después que Shannon regresara a buscarlos una vez que hubo realizado el relevo. Se cree que otro cuarto tampoco sobrevivió a la travesía.

Edgar Kallands, había llegado a Minto la noche anterior, pero fue enviado de vuelta a Tolonava, teniendo que viajar 113 km (70 millas) para recoger el testigo del relevo. El equipo de Shannon llegó en malas condiciones sobre las 11 AM. Kallands calentó el suero y comenzó su recorrido. Cuando llegó al refugio de Manley Hot Springs sobre las 4 PM, el dueño tuvo que echar agua caliente para despegar las manos de Kallands del trineo.
Dos conductores más, Dan Green y Johnny Folger, transportaron el suero desde Manley Hot Springs a Fish Lake y desde Fish Lake a Tanana respectivamente.

29 de Enero:
El suero pasó por la mano de 6 corredores: Sam Joseph, Titus Nikolai, Dave Corning, Harry Pitka, Bill McCarty y Edgar Nollner, cubriendo una distancia total de 273 km (170 millas) desde Tanana hasta Galena. Durante la noche Edgar pasó el relevo a su hermano George.

Se descubrieron dos nuevos casos que hicieron avivar la crisis, llegando a ocupar los titulares de los principales periódicos de San Francisco, Washintong D.C. o New York.

30 de Enero:
George Nollner continuó la ruta recorriendo 29 km (18 millas) hasta llegar a las 3 AM a Bishop Mountain y pasarle las vacunas a Charlie Evans. Charlie se adentró en un banco de niebla helada, producido cuando el agua del rio Koyukuk rompía contra la superficie del hielo. Olvidó cubrir las partes vulnerables de sus dos perros líderes (los perros no eran nórdicos puros sino mestizos) y vió como estos se desplomaban por los efectos de la congelación, teniendo el mismo que conducir el equipo hasta Nulato. Cuando llegó (sobre las 10 AM) ambos perros habían muerto.
Tommy Patsy salió media hora después de la llegada de Evans, recorrió 36 millas hasta Kaltag, y le pasó el paquete que contenía el suero a "Jackscrew", que tendría que atravesar con su equipo el pasaje de Kaltag.

El numero de casos en Nome llegó a 27. Y con las antitoxinas agotada, toda la esperanza residía en los perros y sus conductores. Nome se había convertido una ciudad desierta.
Se produjo la quinta muerte y la propuesta de enviar el resto del suero en avión volvió a tomar peso. El plan fue rechazado por pilotos experimentados, la Armada de los EEUU y el propio gobernador Bone.
Para acelerar el relevo, el Gobernador Bone decidió añadir más corredores en la mitad del relevo que iba de Nome hasta Nulato, incluyendo al joven noruego Gunnar Kaasen.

31 de enero:
Victor Anagick tomo el relevo a primera hora de la mañana, y trás recorrer 55 km (34 millas), llegó a la ciudad de Unalakleet, pasando el suero a Myles Gonangnan, que recorrió otros 64 km (40 millas) hasta llegar al refugio de Shaktoolik, con temperaturas de -57º C.

Seppala no estaba en el punto de relevo, aunque en su lugar estaba el musher Henry Ivanoff. Trás calentar el suero unos instantes, Ivanoff inició la marcha, metiendose de lleno en la tormenta e intentando encontrarse con Seppala por el camino, que había quedado practicamente invisible por las condiciones meteorológicas (-65º C).
Seppala había viajado con su equipo 274 km (170 millas) desde que salió de Nome el día 27 de Enero hasta el día 31. Cogieron el atajo que atravesaba Norton Sound y se encaminaron hacia Shaktoolik.
El equipo de Ivanoff chocó con un reno solitario, y la confusión de esos momentos le hizo perder la esperanza. Intentando mantener la calma, comenzó a desenredar a sus perros. Y de pronto, Seppala apareció frente a el.
El suero, el suero, lo tengo aquí!! - gritó Ivanoff.
Seppala creia que aún le quedaban más de 100 millas (160km), cuando Ivanoff se encontró de repente con el, gritandole que tenía el suero. Paró a su equipo en seco y cogió el paquete con el suero.
Tenía que dar media vuelta y encaminarse de nuevo hacia el peligroso hielo de Norton Sound.

El perro lider de Seppala, Togo, condujo al equipo en plena oscuridad a través del hielo de Norton Sound hasta llegar al refugio de Isaac's Point a las 8 PM. En un día, el equipo de Seppala recorrió 135 km (84 millas), a una media de 13 km por hora (8 millas por hora).


1 de Febrero:
Descansaron y el equipo se puso en marcha sobre las 2 AM. A lo largo de la noche, el viento llego alcanzar velocidades de hasta 105 km/h. El hielo que estaban atravesando comenzaba a romperse, por lo que Seppala decidió regresar para bordear ese tramo. Para ello, tuvieron que subir los 1500 metros de la montaña Little MacKinley. El descenso les llevaba hasta el siguiente refugio en Golovin, donde Seppala entregó el suero a Charlie Olson (3 AM).
Olson sufrió congelación (la temperatura era de -57º C) cuando protegía con mantas a sus perros. Llegó a Bluff sobre las 7PM en mal estado.


Los casos de difteria en Nome habían llegado a 28, y las antitoxinas que transportaban solamente podían tratar a 30 personas. Los vientos alcanzaban velocidades de hasta 129 km por hora, por lo que se ordenó relentizar el relevo para asegurar la entrega de la carga.

Kaasen tomó el relevo, guiado por su perro lider Balto y asumiendo el peligro que tenía iniciar la marcha con el temporal. El trayecto era complicado, con un fuerte viento en contra y con una visibilidad tan escasa, que Kaasen apenas veía a los perros mas cercanos al trineo.
Cuando se quiso dar cuenta, se había pasaso dos millas de Salomón, el punto donde debía realizar el relevo. Decidió continuar y los fuertes vientos provocaron que su trineo volcara.
El cilindro que contenía el suero había caido sobre la nieve y la oscuridad de la noche le impedía saber el punto exacto donde había caido. Desesperado al no encontrarlo, se quitó los guantes para tener mas sensibilidad en las manos e ir buscando a ciegas el paquete que contenía las antitoxinas. Al final lo encontró, pero pagó el alto precio de sufrir congelación en sus manos.

2 de Febrero:
Kaasen, Tras reanudar la marcha, llegó a Point Safely sobre las 3 AM. El siguiente musher, Ed Rhon, se había quedado dormido creyendo que Kaasen y el relevo se habrián detenido en Salomon. Volvió a dedidir por si mismo, elección que lamentaría años después: no despertar a Rhon. La razón fue porque este último tardaría un rato en poner el arnés a los perros e iniciar la marcha, y sus perros se encontraban en buena forma.

Asi que trás descansar brevemente y calentar el suero, se dispuso a recorrer los últimos 40 kilometros (25 millas) hasta Nome, llegando a la ciudad a las 5:30 AM.
Se desplomó ante los pocos testigos que se arremolinaron a su llegada, y según estos, sus únicas palabras fueron "J*der con el perro".

Las antoxinas llegaron sanas y salvas, y una vez derretidas, se pudieron emplear a partir de ese mediodia.
Esta hazaña se consiguió gracias al esfuerzo y sacrificio de los mushers y los perros (por desgracia algunos de ellos no sobrevivieron al relevo), que recorrieron un total de 627 millas en 127 horas y media en unas condiciones meteorológicas extremas, considerandose un record mundial.


Última edición por lobogris16 el Sáb Nov 23, 2013 8:44 am, editado 1 vez
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Re: Historia real de Balto

Mensaje por AleuLobaFan el Miér Nov 20, 2013 1:34 pm

Gracias por la informacion es exclente!
conocia el resumen de su historia, mas no tenía idea de como fue cada día, debio ser un viaje muy pesado...
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Re: Historia real de Balto

Mensaje por AntStark26 el Sáb Nov 23, 2013 5:28 pm

Muchas gracias por la información. Nunca había sabido lo duro que fue traer la antitoxina ( bueno si te imaginas si). En serio me encanta :3
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Re: Historia real de Balto

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